El proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC ha tenido desde el principio una dimensión simbólica decisiva en el tortuoso camino hacia la reconciliación. La organización guerrillera más antigua de América se desmovilizó tras la firma de la paz, de la que están a punto de cumplirse cuatro años, dejó las armas con la salvedad de algunos grupos minoritarios de disidentes, se sometió a la JEP, el tribunal encargado de juzgar los crímenes más graves de la guerra, y se convirtió en partido político. A estos pasos concretos se suma una serie de gestos y declaraciones que, pese a las críticas de los sectores que aún se oponen a los acuerdos de paz, suponen un giro copernicano en la historia reciente del país. Los máximos dirigentes de la antigua cúpula de las FARC, encabezada por Rodrigo Londoño, Timochenko, pidieron perdón este lunes a las víctimas de secuestro y a sus familias. “Queremos decirles que el secuestro fue un gravísimo error del que no podemos sino arrepentirnos”, reconocen en un comunicado.

“El secuestro solo dejó una profunda herida en el alma de los afectados e hirió de muerte nuestra legitimidad y credibilidad. Tomada esa decisión, en las circunstancias excepcionales de la guerra irregular y buscando equilibrar fuerzas, tuvimos que arrastrar este lastre que hasta hoy pesa en la conciencia y en el corazón de cada una y cada uno de nosotros”, asegura el escrito difundido por la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que se sienta en la Cámara y en el Senado desde las elecciones legislativas de 2018. La comunicación ha coincidido con la intervención pública de la excandidata presidencial Íngrid Betancourt ante la Comisión de la Verdad. Betancourt, un símbolo de los horrores de la guerra, permaneció secuestrada más de seis años y este lunes afirmó que ese crimen no tiene fecha de vencimiento. En una conversación con EL PAÍS antes de las últimas elecciones dijo que la fuerza que la ayudó a superar el miedo fue “el concepto de dignidad humana”.

A ese valor hace referencia la declaración del antiguo Secretariado de las FARC. Los excombatientes admiten que el secuestro sistemático supuso un atentado no solo contra la libertad, sino también la dignidad de las víctimas. “Hoy día entendemos el dolor que les causamos a tantas familias, – hijos, hijas, madres, padres, hermanos y amigos, – que vivieron un infierno esperando tener noticias de sus seres queridos; imaginando si estarían sanos y en qué condiciones estarían siendo sometidos a seguir la vida lejos de sus afectos, de sus proyectos, de sus mundos. Les arrebatamos lo más preciado: su libertad y su dignidad. Podemos imaginar el dolor profundo y la angustia de los hijos e hijas de tantos secuestrados por las FARC -EP”, señala el texto.

El comunicado va más allá y menciona el caso del secuestro de un cabo de la policía cuyo hijo falleció durante el cautiverio: “Sentimos como una daga en el corazón la vergüenza que nos produce no haber escuchado el clamor de Andrés Felipe Pérez, quien murió esperando reencontrarse con su padre. No podemos devolverles el tiempo arrebatado para evitar el dolor y las humillaciones que les causamos a todos los secuestrados”. “Solo podemos reiterar nuestro compromiso y voluntad en rendir cuentas ante la justicia; dar las explicaciones y comprometernos ante la sociedad colombiana, que hoy más que nunca reclama justicia y verdad por tanta violencia […]. Porque ya sabemos que no hay razón, ni justificación para arrebatarle la libertad a ninguna persona”, concluye la dirección del partido.

No es la primera vez que Londoño y otros antiguos comandantes se pronuncian sobre los crímenes cometidos. La formación apoyó incluso el año pasado la candidatura de una víctima de secuestro, Luis Eladio Pérez, a la gobernación del departamento de Nariño, pero en esta ocasión lo hacen de forma inequívoca, en un momento especialmente delicado para la aplicación de los acuerdos de paz pactados en La Habana, y frente a una sociedad aún profundamente dividida. “Nos hallamos abocados a realidades dantescas, de las que seguramente brotaron daños, dolor, angustia y pérdidas irreparables a muchas familias colombianas y extranjeras”, dijo Timochenko tras su primera comparecencia en la la Jurisdicción Especial para la Paz, en 2018.

“Pedimos perdón a todas ellas, haremos hasta lo imposible porque puedan conocer la verdad de lo ocurrido. Asumiremos las responsabilidades que nos correspondan, contribuiremos hasta donde sea posible con su reparación y haremos todo cuanto esté a nuestro alcance porque hechos de esa naturaleza jamás vuelvan a repetirse”, agregó en ese momento. El máximo líder del partido recibió duras críticas hace una semana por unas declaraciones que fueron interpretadas como una negación del reclutamiento de menores. El partido lo niega y afirma que esa práctica era “evidente”. Este lunes decidió dar un paso al frente, una suerte de gesto de buena voluntad para la reconciliación.



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