Londres y Bruselas vuelven al tira y afloja, al juego de órdagos y advertencias, que ha caracterizado durante los últimos años cualquier negociación en torno al Brexit. El negociador jefe europeo, Michel Barnier, que se encontraba en la capital británica para participar en la quinta ronda de conversaciones sobre el futuro tratado comercial, ha avisado este jueves al Gobierno del primer ministro británico, Boris Johnson, de que “el tiempo para buscar soluciones se agota”. El periodo de transición acordado entre la UE y el Reino Unido finaliza el próximo 31 de diciembre, y Downing Street ya ha dejado claro que no tiene voluntad de prorrogarlo. Cualquier acuerdo que pretenda evitar un Brexit duro debería cerrarse como muy tarde en octubre, para que hubiera plazo suficiente para las complicadas tareas de traducción del texto a todos los idiomas oficiales y aprobación de todos los parlamentos nacionales de los miembros.

Dos asuntos, ha señalado Barnier, encallan las conversaciones: la negativa de Londres a alinearse con la UE en materia laboral, medioambiental, de protección a los consumidores o de límites a las ayudas estatales a empresas (el conocido en la jerga de las negociaciones como level playing field) y el futuro acuerdo en materia pesquera. “Con su rechazo actual a comprometerse a condiciones de competición abierta y justa y a un acuerdo equilibrado respecto a la pesca, el Reino Unido está provocando que un acuerdo comercial, a estas alturas, sea muy poco probable”, ha dicho Barnier.

El negociador principal del Gobierno de Johnson, David Frost, ha respondido a estas palabras con un doble mensaje de optimismo y firmeza. “A pesar de todas las dificultades”, ha dicho, “sobre la base de lo alcanzado en julio, creo que podremos alcanzar un acuerdo en septiembre. Debemos continuar negociando con este objetivo en mente (…) Pero debemos hacer frente a la posibilidad de que no podamos lograrlo, y por lo tanto hemos de seguir preparándonos para todos los escenarios posibles cuando concluya el periodo de transición a finales de este año”.

Londres y Bruselas tienen previsto comenzar una nueva ronda de negociaciones a partir del próximo 17 de agosto. La crisis del coronavirus, que afectó personalmente a los dos principales negociadores, congeló unas conversaciones que solo han vuelto a impulsarse en las últimas semanas. Johnson no ha querido atender las peticiones de los empresarios británicos o de Gobiernos autónomos como el escocés para que echara mano del instrumento de la prórroga y extendiera el periodo de transición. Son muchas las voces que han alertado de las negativas consecuencias económicas que puede suponer la suma de la salida del Reino Unido de la Unión Europea a una recesión de proporciones históricas como la que ha supuesto la crisis del coronavirus.



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