Erasmo Teófilo se despierta en Anapu, en la Amazonia, sin saber si estará vivo al final del día. Con problemas respiratorios, el líder campesino se encuentra entre la población de mayor riesgo si se contagia de coronavirus. Pero no es la enfermedad que ha paralizado el mundo lo que aterroriza a Erasmo, a su esposa y sus hijos pequeños. Con el apoyo explícito de Jair Bolsonaro, los ladrones de tierras públicas, madereros y mineros ilegales ven la pandemia como una oportunidad para ocupar territorio protegido. Los ataques contra la Amazonia y sus protectores han multiplicado su intensidad. Y sus guardianes, como Erasmo, además de las balas, ahora también se enfrentan a la covid-19. “Mientras sucede la pandemia, aquí hay mil motosierras. Lo están destruyendo todo. No quedará nada”, denuncia.

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