Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, encabezó este domingo el aniversario más raro de la revolución sandinista del que se tuviera registro desde hace 41 años, cuando aquella guerrilla derrocó a la dictadura somocista el 19 de julio de 1979. El mandatario apareció usando mascarilla luego de meses de negacionismo de su Gobierno ante la pandemia de la covid-19. Al final de la tarde de este domingo, Ortega bajó de su Mercedes Benz blindado a un escenario diseñado por su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo: un plató en forma de estrella pentagonal formado por flores y helechos, que sustituyó el habitual baño de masas que cada año implica esta efeméride cumbre del sandinismo.

Murillo dijo en días previos que celebrarían la fecha “como se pueda en estos tiempos” de la covid-19, lo que hizo suponer un acto virtual. Pero las fotografías de la estrella pentagonal difundidas horas antes del acto por medios oficiales disiparon las dudas sobre si Ortega reaparecería tras 38 días sin dar la cara en público. La estrella pentagonal causó intriga en los nicaragüenses. Las personas asociaron la forma del escenario con las prácticas esotéricas de la vicepresidenta Murillo, quien este 17 de julio se quejó enérgicamente por la sanción que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso a su hijo, Juan Carlos Ortega Murillo, por “prácticas engañosas y corrupción”.

“Claro que el mal existe, yo era una de las que creía que el mal no existe, me costó entender que el mal existe, que está ahí”, dijo Murillo el viernes sin mencionar directamente la sanción aplicada a su hijo. Para la socióloga y periodista Sofía Montenegro, la implantación de la estrella pentagonal no solo fue un mecanismo para proteger de contagio a Ortega, sino que efectivamente está ligado a la creencia esotérica de Murillo.

“El pentáculo, o pentagrama, ha sido desde la antigüedad un amuleto de protección o de sanación. Rodeado por un círculo, delimita un espacio mágico, destinado en particular a la invocación y a la defensa de espíritus adversos, según las creencias paganas anteriores al cristianismo (…) En todo caso lo que refleja es que Rosario Murillo se siente muy amenazada por el pueblo opositor, el virus y sus enemigos”, sostuvo Montenegro.

La estrella de pentagrama fue ubicada en la Plaza de la Revolución, en el corazón de la vieja Managua y al pie de la abandonada catedral capitalina. El espacio fue rodeado por una malla para evitar que algunos simpatizantes sandinistas que celebraron la fecha con cumbias y cervezas en la adyacente Plaza la Fe, acudieran al acto presidido por Ortega, que fue televisado en cadena nacional.

Culpar al capital

Ortega en ningún momento se acercó a sus simpatizantes, quienes fueron ubicados en las sillas que rodeaban la estrella de cinco puntas. Pese a que usó por mascarilla por primera vez en público, en su discurso Ortega volvió a minimizar la epidemia de covid-19. El mandatario admitió 2.182 contagios de coronavirus y “apenas unas 100 y tantas muertes”. Luego precisó la cifra de fallecidos en 91. La estadística dada por Ortega es opuesta a la que lleva el Observatorio Ciudadano independiente de la covid-19, que registra 8.508 contagios y 2.397 muertes en Nicaragua desde el 18 de marzo, cuando se registró el primer caso positivo.

Ortega culpó a los “modelos económicos de los grandes capitales” de la propagación de la pandemia y usó su discurso para dar una serie de estadísticas sobre cirugías, consultas, operaciones e intervenciones que ha realizado el Ministerio de Salud en lo que va de 2020. Según el mandatario sandinista, su Gobierno ha logrado “enfrentar con éxito” la emergencia. No obstante, médicos del sistema de salud público y privado de Nicaragua llevan meses alertando por el colapso sanitario provocado por el Coronavirus.

Ortega se mostró un tanto diferente a la actitud inicial de su Gobierno frente a la covid-19, cuando minimizaron los riesgos y la catalogaron como “el ébola de los ricos”, entre otras definiciones. “El esfuerzo que hace el sistema de salud es enorme, las clínicas privadas, ha habido una afluencia fuerte, pero porque teníamos ya tendidos puestos de salud… esto nos ha permitido el éxito con la pandemia, estamos cuidando el ingreso de los extranjeros, unos vienen por trabajo, otros incluso vienen por turismo, al ingresar se les hace la prueba y al salir también se les hace la prueba”, dijo Ortega, quien finalizó su discurso alentando a los nicaragüenses a “seguir haciendo cultura, deporte y [las] actividades todas con las medidas de protección”.

Contrario a otros actos del 19 de julio, cuando Ortega aparece acompañado de presidentes de otros países aliados políticamente, y la efeméride es celebrada con bombos y platillos, esta vez fue un acto discreto. Las autoridades sandinistas procuración aislar al mandatario en el ambiente controlado en forma de estrella pentagonal. Junto a Ortega en la tarima central estuvo la plana mayor de funcionarios públicos, la mayoría de ellos sancionados por Estados Unidos por corrupción y violaciones a los derechos humanos, como el jefe del Ejército, el general Julio César Avilés. Ortega dio un espaldarazo a Avilés en el acto, solidificando la sumisión del general al Ejecutivo.





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