La predicción diaria que publica EL PAÍS mantiene al candidato demócrata Joe Biden por delante: ganaría las elecciones del próximo 3 de noviembre el 83% de las veces, por un 16% de Donald Trump. Es decir, que el demócrata sería presidente 5 de 6 veces. Es una ventaja clara, que ha ido ensanchándose desde septiembre, cuando las opciones de Trump eran el doble que ahora. Desde entonces han pasado tres cosas: su contagio por la covid-19 lo debilitó entre los apostadores, los sondeos no le han sido favorables, y el tiempo se le escurre. Cada día que pasa sin que ocurra algo positivo para su candidatura, es un día más que gana Biden.

Pero esa ventaja de Biden no es definitiva. Los sucesos de probabilidad 16%, como el que tiene Trump, pueden ocurrir, como todos podemos percibir. He usado este símil antes: ahora mismo las opciones de Trump para ganar son las mismas que tiene uno de perder jugando a la ruleta rusa con una bala en el tambor. Hay cinco opciones de que no pase nada, pero no se nos ocurre jugar.

Para explorar esas opciones de Trump es útil hacerse una pregunta: ¿por qué Estados pasan? El sistema electoral del país da una enorme importancia al mapa. Cada territorio reparte cierto número de votos electorales, que van a parar todos al candidato más votado: el ganador se lo lleva todo. En total se reparten 538 y la presidencia se gana con 270. El gráfico siguiente muestra las encuestas y las probabilidades de victoria de cada candidato y para cada uno de los territorios.

Hay una docena de Estados clave porque pueden cambiar de manos. Algunos reparten muchos votos y otros son representativos. Por ejemplo, imagina que te pudiesen adelantar el resultado solo de uno: creo que preguntaría por Michigan. Si allí gana Biden, sus opciones de ganar suben hasta 19 de 20, según el modelo estadístico de FiveThirtyEight. Pero si Trump sorprende y se lleva Michigan, pasaría a ser el favorito presidencial con 5 opciones de 6 para ganar. Ocurre algo parecido con Pensilvania, Wisconsin o Minnesota, y en menor medida con Nevada.

Las opciones del republicano

Exploremos los caminos de Trump. El primer Estado fundamental es Florida, donde básicamente necesita ganar. Reparte 29 delegados y está abierto (Biden tiene una ventaja de 3 puntos en los sondeos). A partir de ahí, el republicano debe asegurar su victoria donde es líder: Iowa (+1, en los sondeos), Texas (+2), Ohio (+2), Alaska (+6). Para después ganar también todos o la mayoría de los Estados disputados: Georgia (+0), Carolina del Norte (-3), Arizona (-3). Esto le dejaría a 10 o 15 votos electorales de los 270 necesarios para ser presidente.

Para que Trump complete esa suma veo tres alternativas. La primera ruta consiste en repetir el camino de 2016 y ganar algunos Estados del cinturón de óxido: Pensilvania, Michigan, Wisconsin o Minnesota. Pero Biden parece más popular que Hillary Clinton en esos territorios, así que Trump necesita girar los sondeos por seis puntos o más.

La segunda opción aritmética para Trump es sorprender en el oeste y ganar Nevada, Nuevo México o Colorado. Es complicado, claro, porque son Estados que Clinton ganó en 2016 y donde ahora Biden tiene también 6, 11 y hasta 12 puntos de ventaja.

La tercera ruta es un híbrido: pasa porque Trump mejore —mucho— sus sondeos del noreste y gane Maine y New Hampshire, pero que además se lleve algún Estado de las opciones anteriores (óxido ó oeste).

Ninguno de estos tres caminos es fácil y por eso Biden es el favorito: no necesita que pase nada especial. Pero no deberíamos dar por imposibles estas tres rutas para el éxito de Trump, ni otras aún más exóticas. Ahora nos parecen alocadas —y es posible que lo sean—, pero una señal de que no son impensables es que, si alguna llega a producirse, seguro que encontraremos una forma de darle lógica. Porque, como dejó escrito el psicólogo Amos Tversky: “La gente predice muy poco y lo explica todo”.

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